jueves, 24 de enero de 2013
Don Jorge (El abuelo)
-
Puedo cerrar los ojos y dibujar cada detalle de tu persona:
Tu sonrisa medio escondida que acompañabas con el brillo especial de tus ojitos, aunque eras más serio que otra cosa,
tus manos anchas, tus uñas, tus brazos, tus hombros gastados,
la panza redonda, la espalda un poco encorvada,
tus piernas cansadas y delgaditas, tus pies cosquilludos,
tu nariz regordeta, tus cejas canosas, tus orejas alargadas,
tu voz, tu tos, tus mates que se chorreaban, tus lentes con los marcos anchos,
tus historias de colimba, tu mirada investigadora.
Me acuerdo de todo, de cada detalle, y me arrastraría a aquel momento para poder apreciarlo como debía.
En mi estupidez egoísta, cuasi adolescente, me perdí de muchas cosas siendo más grande,
hoy no sería tan boba, pero tal vez lo que aprendí es porque en los golpes de las ausencias inesperadas tomé conciencia. Y a veces es demasiado tarde.
Te extraño y te veo en muchos señores de tu edad, en algunas mañas envejecidas, en los tangos que puedan sonar,
te veo en mi hermana, en mi sobrino.
Eso no desaparece, sos de las personas que me dejaron las enseñanzas más lindas que están guardadas desde los inicios de mi vida. Entonces, compondré algunas faltas con mi recuerdo, manteniéndote vivo mientras yo lo esté.
No importa que hayan pasado tres años ya de tu partida, siempre vivís en mí, en nosotros.
Ya nos veremos abuelito, otra vez...
-
miércoles, 23 de enero de 2013
Las cosas...
Viene como fugaz el recuerdo de una tarde, una de Marzo,
allá por el dos mil doce.
Una conversación, de esas tantas que teníamos, pero esta vez
por teléfono. Y como siempre saludábamos antes de colgar, algo se escapó de tu
voz que no fue usual; enmudecí y sólo pude mover mi brazo para ubicar el tubo en
su lugar. Me paralizó el cuerpo, y el cerebro también. Eran más de las 7 de la
tarde y tenía que irme de la calle Rivadavia, vos ya muy lejos. Fue cuando,
minutos después, cayó un mensaje al celular en el que preguntabas si había
escuchado lo que dijiste antes de colgar...sentí que no podía mover los pies,
creo que en ese momento ya estaba en la calle. Supe responder que creí haber
escuchado algo pero no sabía si había sido parte de mi imaginación. No recuerdo qué dijiste exactamente, pero me
recomendaste que escuchara “Cantata de Puentes Amarillos” y que tuviera muy en
cuenta el final, eso había sido lo que soltaste de tu boca, eso era lo que sentías.
Mi memoria no es una muy fiel compañera, pero tengo muy bien registrada la sensación, algo ardió en mí, era todo, eras vos.
Poema XIV
Juegas todos los días con la luz del universo.
Sutil visitadora, llegas en la flor y en el agua.
Eres más que esta blanca cabecita que aprieto
como un racimo entre mis manos cada día.
A nadie te pareces desde que yo te amo.
Déjame tenderte entre guirnaldas amarillas.
Quién escribe tu nombre con letras de humo entre las estrellas del sur?
Ah déjame recordarte cómo eras entonces, cuando aún no existías.
De pronto el viento aúlla y golpea mi ventana cerrada.
El cielo es una red cuajada de peces sombríos.
Aquí vienen a dar todos los vientos, todos.
Se desviste la lluvia.
Pasan huyendo los pájaros.
El viento. El viento.
Yo sólo puedo luchar contra la fuerza de los hombres.
El temporal arremolina hojas oscuras
y suelta todas las barcas que anoche amarraron al cielo.
Tú estás aquí. Ah tú no huyes.
Tú me responderás hasta el último grito.
Ovíllate a mi lado como si tuvieras miedo.
Sin embargo alguna vez corrió una sombra extraña por tus ojos.
Ahora, ahora también, pequeña, me traes madreselvas,
y tienes hasta los senos perfumados.
Mientras el viento triste galopa matando mariposas
yo te amo, y mi alegría muerde tu boca de ciruela.
Cuanto te habrá dolido acostumbrarte a mí,
a mi alma sola y salvaje, a mi nombre que todos ahuyentan.
Hemos visto arder tantas veces el lucero besándonos los ojos
y sobre nuestras cabezas destorcerse los crepúsculos en abanicos girantes.
Mis palabras llovieron sobre ti acariciándote.
Amé desde hace tiempo tu cuerpo de nácar soleado.
Hasta te creo dueña del universo.
Te traeré de las montañas flores alegres, copihues,
avellanas oscuras, y cestas silvestres de besos.
Quiero hacer contigo
lo que la primavera hace con los cerezos.
Pablo Neruda
.
-
Cómo no intentar soltar mis recuerdos en las manos del
olvido?
Pero la resistencia se apropia de mi voluntad, cada minuto
mi inconsciente saca la piel a flote...
En pocas noches, que logran ser suficientes para
desarmar,
las bocas fusionaron el sentimiento y casi imposible se hizo
separarlas.
No podría ser capaz de afirmar que alguna vez haya sucedido
algo igual.
Esponjas rosadas, enrojecidas de ardor.
El fuego, que las tinieblas no consume,
se desarrolló plenamente sin horarios, sin futuros ni
pasados.
Hoy no presente.
Dejar que no brote una gota de algún lagrimal,
es querer evitar lo inevitable.
-
(ya, ya, ya)
Como el oxígeno, como el maldito oxígeno...
Mejor quedarse quieto y esperar
por favor perdona mi actitud.
En caída libre, no soy libre
nubazón, nubazón
pasará
La hondonada nos dejó sin caricias
y varias noches sin poder dormir
Fatalismo inútil
ignorar temores,
me muero por creer que es posible...
seamos amigos,
O la vida sentirá aún más frío
y el fantasma no podrá dormir
"Fantasma"
G.C.
lunes, 21 de enero de 2013
(Sin título)
-
Es desintegrarse en el mismo aire,
aún cuando se mezclan las sensaciones,
hay una que, entre lo difuso, es exacta,
es resistente, es firme.
Pasarán los días, a veces no sabremos del otro,
a veces no querremos ni recordar,
pero muy probablemente, todo siga intacto,
tal vez en almohadas separadas,
pero unidos por ese lazo que nada quebrará,
el de años y vidas que desconocíamos
hasta que nos conocimos.
O quizá el tiempo amaine el dolor, el amor, la magia,
hasta lograr agotarlo todo, la vida demostró muchas veces que también puede suceder.
Pero ahora quisiera que algo quede encendido en mí,
y que algún día tu luz viniera a aumentar la mía,
otra vez y para siempre.
-
Es desintegrarse en el mismo aire,
aún cuando se mezclan las sensaciones,
hay una que, entre lo difuso, es exacta,
es resistente, es firme.
Pasarán los días, a veces no sabremos del otro,
a veces no querremos ni recordar,
pero muy probablemente, todo siga intacto,
tal vez en almohadas separadas,
pero unidos por ese lazo que nada quebrará,
el de años y vidas que desconocíamos
hasta que nos conocimos.
O quizá el tiempo amaine el dolor, el amor, la magia,
hasta lograr agotarlo todo, la vida demostró muchas veces que también puede suceder.
Pero ahora quisiera que algo quede encendido en mí,
y que algún día tu luz viniera a aumentar la mía,
otra vez y para siempre.
-
Suscribirse a:
Entradas (Atom)