jueves, 24 de enero de 2013

Don Jorge (El abuelo)


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Puedo cerrar los ojos y dibujar cada detalle de tu persona:
Tu sonrisa medio escondida que acompañabas con el brillo especial de tus ojitos, aunque eras más serio que otra cosa,
tus manos anchas, tus uñas, tus brazos, tus hombros gastados,
la panza redonda, la espalda un poco encorvada,
tus piernas cansadas y delgaditas, tus pies cosquilludos,
tu nariz regordeta, tus cejas canosas, tus orejas alargadas,
tu voz, tu tos, tus mates que se chorreaban, tus lentes con los marcos anchos,
tus historias de colimba, tu mirada investigadora.
Me acuerdo de todo, de cada detalle, y me arrastraría a aquel momento para poder apreciarlo como debía.
En mi estupidez egoísta, cuasi adolescente, me perdí de muchas cosas siendo más grande,
hoy no sería tan boba, pero tal vez lo que aprendí es porque en los golpes de las ausencias inesperadas tomé conciencia. Y a veces es demasiado tarde.
Te extraño y te veo en muchos señores de tu edad, en algunas mañas envejecidas, en los tangos que puedan sonar,
te veo en mi hermana, en mi sobrino.
Eso no desaparece, sos de las personas que me dejaron las enseñanzas más lindas que están guardadas desde los inicios de mi vida. Entonces, compondré algunas faltas con mi recuerdo, manteniéndote vivo mientras yo lo esté.
No importa que hayan pasado tres años ya de tu partida, siempre vivís en mí, en nosotros.
Ya nos veremos abuelito, otra vez...

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