Se dejaba ver un pequeño haz de luz rebotar en un rincón oscuro de una habitación deshabitada, aún pequeño impregnaba de energía cada espacio de ese lugar, y lo volvía claro.
Pronto, se grababa en fugaces disparos de imágenes eternas, y dejó ver que la eternidad sí existía.
Limitó reflexiones, modificó sensaciones, se volvió una delimitadora de emociones del más allá, no significando límites restrictivos sino, límites más bien gráficos, que dieran forma.
Se dejaba oír melodías, llenó de música el lugar que convivía con el caos sonoro, con pensamientos amorfos, gritando noche y día. Plagó de armonía lo que no tenía silencio.
Se dejaba recordar historias, tantas pasadas debajo de mi puente, y cada una que se ha ido a seguir por otros rumbos; y sin querer ni esperarlo, luz en mi ventana, música en mi cuarto, suavidad a mi alrededor, ternura ocupando mi espacio, dejando brotar la mía, temiendo y sin temer, fluyendo y volando sobre la ciudad de papel.
Si de alguna manera pudiera describir lo que en mí se ha despertado, algo de ello aquí pude plasmar, y tanto más… tanto más que no sabría cómo llamarlo. Tanto más que acá está esperando sin esperar J