miércoles, 23 de enero de 2013

Las cosas...



Viene como fugaz el recuerdo de una tarde, una de Marzo, allá por el dos mil doce.
Una conversación, de esas tantas que teníamos, pero esta vez por teléfono. Y como siempre saludábamos antes de colgar, algo se escapó de tu voz que no fue usual; enmudecí y sólo pude mover mi brazo para ubicar el tubo en su lugar. Me paralizó el cuerpo, y el cerebro también. Eran más de las 7 de la tarde y tenía que irme de la calle Rivadavia, vos ya muy lejos. Fue cuando, minutos después, cayó un mensaje al celular en el que preguntabas si había escuchado lo que dijiste antes de colgar...sentí que no podía mover los pies, creo que en ese momento ya estaba en la calle. Supe responder que creí haber escuchado algo pero no sabía si había sido parte de mi imaginación. No recuerdo qué dijiste exactamente, pero me recomendaste que escuchara “Cantata de Puentes Amarillos” y que tuviera muy en cuenta el final, eso había sido lo que soltaste de tu boca, eso era lo que sentías.
Mi memoria no es una muy fiel compañera, pero tengo muy bien registrada la sensación, algo ardió en mí, era todo, eras vos.




No puedo dejar de escribir. Por momentos tengo unos pensamientos tan oscuros que invocan al olvido y después surge esa necesidad de registrar todo lo posible para que, en el caso de desesperar, tenga esta especie de diario donde remitirme. No sé cómo irme de esta historia, no sé si soy capaz de correrme lejos. Una vez te dije que no podía estar lejos tuyo, y mucho más me pesa cuando sé que no es cuestión de corresponder o no, porque tengo la certeza de correspondernos, sino que fuerzas mayores son las que bifurcan el camino...Ay, ya no sé qué pensar, qué sentir, qué pedir, o si acaso soñar. No sé nada, sólo lo que siento ahora...

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