jueves, 31 de enero de 2013


Y cada vez que imagino situaciones de "pareja feliz",
la palabra "idiota" es la que mejor me caracteriza.

domingo, 27 de enero de 2013


Memorias del olvido.


Me pasaron tantas cosas
y no me acuerdo de nada
solo del viento y tus ojos
de llorar a carcajadas

No sé cuánto habrá pasado
desde cuando te leía
nunca quise darme cuenta
que no era idea mía.

Hoy no es que rompa cadenas
sólo me doy por vencido
y te perdono por todo
por venir y haberte ido.

Si la pena se supera
a mi me importa muy poco,
no esperaba que así fuera mi amor
si aun sueño que te toco.

No sé de un tiempo a esta parte
no entiendo como pude desarmarme...

Me sobraron tantas cosas
que no pude darte a tiempo,
o tal vez nunca exististe,
fuiste mi mejor invento.

Hoy mis ojos no te ven,
hoy mi boca no te nombra,
nadie sabe que me hiciste, mi amor,
sólo mi cuerpo y tu sombra.

No sé de un tiempo a esta parte
no entiendo como pude desarmarme,
no sé de un tiempo a esta parte
no entiendo como pude desarmarme
y como terminó.



-

Aunque cueste, es mejor desaparecer.


-

viernes, 25 de enero de 2013

Viernes.

-


Olés igual que el viento suave de la primavera.
Detrás de tu figura vi asomar los rayos del sol entre nubes,
cuando me recosté entre el pasto y tus brazos.

Entonces sucedió que
El tiempo se esfumó en  el cielo,

así como mi alma se esfumó en la tuya.
(hace siglos atrás)




-

jueves, 24 de enero de 2013

Don Jorge (El abuelo)


-

Puedo cerrar los ojos y dibujar cada detalle de tu persona:
Tu sonrisa medio escondida que acompañabas con el brillo especial de tus ojitos, aunque eras más serio que otra cosa,
tus manos anchas, tus uñas, tus brazos, tus hombros gastados,
la panza redonda, la espalda un poco encorvada,
tus piernas cansadas y delgaditas, tus pies cosquilludos,
tu nariz regordeta, tus cejas canosas, tus orejas alargadas,
tu voz, tu tos, tus mates que se chorreaban, tus lentes con los marcos anchos,
tus historias de colimba, tu mirada investigadora.
Me acuerdo de todo, de cada detalle, y me arrastraría a aquel momento para poder apreciarlo como debía.
En mi estupidez egoísta, cuasi adolescente, me perdí de muchas cosas siendo más grande,
hoy no sería tan boba, pero tal vez lo que aprendí es porque en los golpes de las ausencias inesperadas tomé conciencia. Y a veces es demasiado tarde.
Te extraño y te veo en muchos señores de tu edad, en algunas mañas envejecidas, en los tangos que puedan sonar,
te veo en mi hermana, en mi sobrino.
Eso no desaparece, sos de las personas que me dejaron las enseñanzas más lindas que están guardadas desde los inicios de mi vida. Entonces, compondré algunas faltas con mi recuerdo, manteniéndote vivo mientras yo lo esté.
No importa que hayan pasado tres años ya de tu partida, siempre vivís en mí, en nosotros.
Ya nos veremos abuelito, otra vez...

-

miércoles, 23 de enero de 2013

Las cosas...



Viene como fugaz el recuerdo de una tarde, una de Marzo, allá por el dos mil doce.
Una conversación, de esas tantas que teníamos, pero esta vez por teléfono. Y como siempre saludábamos antes de colgar, algo se escapó de tu voz que no fue usual; enmudecí y sólo pude mover mi brazo para ubicar el tubo en su lugar. Me paralizó el cuerpo, y el cerebro también. Eran más de las 7 de la tarde y tenía que irme de la calle Rivadavia, vos ya muy lejos. Fue cuando, minutos después, cayó un mensaje al celular en el que preguntabas si había escuchado lo que dijiste antes de colgar...sentí que no podía mover los pies, creo que en ese momento ya estaba en la calle. Supe responder que creí haber escuchado algo pero no sabía si había sido parte de mi imaginación. No recuerdo qué dijiste exactamente, pero me recomendaste que escuchara “Cantata de Puentes Amarillos” y que tuviera muy en cuenta el final, eso había sido lo que soltaste de tu boca, eso era lo que sentías.
Mi memoria no es una muy fiel compañera, pero tengo muy bien registrada la sensación, algo ardió en mí, era todo, eras vos.




No puedo dejar de escribir. Por momentos tengo unos pensamientos tan oscuros que invocan al olvido y después surge esa necesidad de registrar todo lo posible para que, en el caso de desesperar, tenga esta especie de diario donde remitirme. No sé cómo irme de esta historia, no sé si soy capaz de correrme lejos. Una vez te dije que no podía estar lejos tuyo, y mucho más me pesa cuando sé que no es cuestión de corresponder o no, porque tengo la certeza de correspondernos, sino que fuerzas mayores son las que bifurcan el camino...Ay, ya no sé qué pensar, qué sentir, qué pedir, o si acaso soñar. No sé nada, sólo lo que siento ahora...