martes, 29 de mayo de 2012

Llamémoslo: Martes.


Te ví, no juntabas margaritas del mantel ni nada por el estilo, sólo resplandecías bajo el sol que se había dignado a salir, después de dormir entre nubes grises casi por dos semanas. Fue fugaz el momento, el reloj nos corre a todos en estos tiempos crueles y bancarios (aunque suene redundante), pero te ví brillar, aún en tu cansancio laboral, en el trajín de cuerpos zombies de la calle Florida.
Algo cósmico hay en vos, que me llena de alegría al verte. Cierto es que no puedo abrazarte creyéndote "mío", aún sintiendo la sinceridad en tus abrazos. Cierto es, también, que a veces me invade la duda, y hasta un poco de tristeza, pero suelo liberarme pronto: basta con sólo escucharte.
No sé si está bien, si está mal, no sé hacia dónde va, pero hay tanto caos alrededor que un poco de amor, en la cuota que nos pueda tocar, puede ser un buen cable a tierra.

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