jueves, 22 de diciembre de 2011

.Ellos.

El cuerpo se da vuelta, cambia la cabeza, y la

suma no da igual, ya no.
Contar estrellas, imaginarlos en alguna, dejar

que el viento traiga sus aromas.
Pierdo la noción de la realidad, sigo,

pareciera que nada haya cambiado, pero sí.
Ver la luna, cantarle poesía, y se registra

las sonrisas de cada uno.
Las anécdotas se cuentan, invade mi corazón

los momentos compartidos.
Soñar el agua, sentir que el mar los llevó a

la otra costa.
Pequeños gestos, voces, timbran mi alarma

conectada al No Olvido.
Al cielo pedirle un instante más, y que

aguarde luego para el reencuentro.
Lágrimas que caen y caerán, ausencias que no

se llenan, ese espacio vacío en el físico

presente.
Abrazar lo que nos une, ellos, dos hombres

distintos, pero tan importantes de igual

manera.
Pegando fuerte en el medio del pecho cuando la

conciencia cae.


Las ausencias más difíciles de llevar, no

vuelven, porque nos tocará luego...Tener que

ir.




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lunes, 19 de diciembre de 2011

Riesgos que toman las palabras.

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Estas líneas que perforan tu retina y desviste todo lo que tenga puesto tu mente, son más que palabras unidas con un sentido, son gritos de extrañeza, de sutil falda corta que muestra pero no, es el desliz lento de las intenciones ocultas, de la resistencia insistente, del vergonzoso descaro.
Con una mano tapo mis ojos, no quiero leer, me  hundo en pensamientos de barro, pero vuelvo a salir, temo que algún alga, en el fondo del charco literario, me enrede y me mantenga abajo.
Mejor intentar desunir las palabras, las letras, las comas y los guiones, los supuestos y demases. A veces la escritura se vuelve un arma de doble filo, y tengo mi cuchillo que sangra en hoja binaria.



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jueves, 8 de diciembre de 2011

Fuego.

De mis ojos, ondas distorsionan la imagen. Una puerta, un marco, un cuadro, parecen encenderse, humear en el aire.
Inconsciente juego, inestable desvarío, tanteando los bordes para no perderse. Aún sigo siguiendo las líneas que se van para arriba.
Cuánto más divertida se hace la demencia, cuando dibuja en los muros bocas sonrientes, y grita estupideces de mujer borracha. No llora, sino clama por la pendiente nube que se ató al suelo.
Cuanto más aburrida se ha hecho la semana con la ausencia. Pero el payaso siempre sale de la galera, y se convierte en conejo similar a un pescado. ¡Cuánta pestilencia!, pero qué aburrido se hace todo cuando no hay olfato.

Otra vez se va para arriba, como fin de llamarada que se pierde en el oxígeno, ya incolora, y desdibuja la aurora, la convierte en mañana, para ser tarde, ser noche, ser madrugada.

Ojos como fogata chisporroteante, flagela las barras de acero de la cabeza bien vestida. ¿Será que es sólo deseo tonto, infantil y despreocupado?

Ojos de lluvia de amarilla tinte, tal vez sea cansancio, tal vez consuelo. Pintar los días de realidad encendida, mantener viva la llama (discar un número -tuuuu...tuuuuu...tuuuuu).

Precipitada, inquieta dice que.
Se quema, pues sí, Es fuego.

sábado, 3 de diciembre de 2011

Y cada despertar es ver un poco más de luz entrar entre las hendijas de la persiana de mi habitación.
Y cada anochecer, si bien algo vibra adentro, es menos espeso, más ligero.
Y cada día es encontrar nuevos caminos, cuál será por el que andaremos próximamente, eso intriga fantásticamente.
Sonrío, me río, y entristezco un poco menos. Lloro por lo único que merece la pena llorar.

Y cada vez reafirmo que el tiempo cura las heridas...Sólo tiempo, que viene solito, nos va solito, hay que saber vivirlo, dejar de sólo pasarlo, que es lo único que tenemos... TIEMPO.

Por la sonrisa más bella y pura que existe, por ello sonrío también, sobre todo y más que nada. Por esos ojos que hablan de amor verdadero cuando mira a sus padres. Por él, por ella, y por los que están allá arriba.

Los días van curando mis heridas, y las de todos. Siempre vuelve a salir el sol, y siempre se vuelve a nublar. Es la simple rueda de La Vida ☺

jueves, 24 de noviembre de 2011

A mi tierra.

El vino de tus sueños bebí,
en un bosque de niebla condensada me dormí,
a la luna de Júpiter me escapé,
allí estos pequeños versos te escribí.

Con mis pies te sentí,
vibrante y urgentada, percibí
que pedías volviera por vos,
y te salvara de una mente ruin.

Vos que me das oxígeno,
y de comer, de tomar y dejar,
que me das sostén y hogar
juro, no te vuelvo a abandonar.

Comprendé mi corazón,
por momentos se vuelve piedra y no hay perdón,
si es que me fui, fue sólo por mí,
ya he vuelto para curarte del dolor.

Santa, pura, pero herida,
a veces parece que actuaras con rencor,
no es para menos, te hemos descuidado,
tal vez aún estemos a tiempo de enmendar el error.

Te oí, te vi,
Pedías volviera por vos,
Tranquila, ya estoy aquí
he venido a calmar tu dolor.

lunes, 21 de noviembre de 2011

-Sueño de domingo-

En mis sueños ha hablado mi inconciente, será que estuviste muy presente en mi cabeza estos días que por ahí apareciste.

Exponerme nuevamente a la situación de intercambiar palabras con ella, esperándote, como siempre lo ha hecho, para acompañarte, para despedirte o quién sabe qué, y yo, con mi orgullo roto, desvalido, de pie mentiroso me encontraba esperando una respuesta, explicación o algo así. Preparabas tus cosas, y como siempre lo sospeché, estuviste listo para irte sin importar nada, sin dejarme alguna tranquilidad en mi interior, así fuera momentánea, así luego volviera la revolución en mi sangre. Y lo grité en tu cara, que acaso eras de esos que lastiman y no les interesa nada más, más que haberse salido con la suya, no había ni monosílabo que tu boca ejecutara.
Y ella ahí estaba, gritándote también, pero a mí poco me preocupaba, sé que alguna frase como “cómo podés hacerme esto” surgía de su voz, mas en ese instante ya no cabía posibilidad de escuchar a ninguno, que la rabia me atormentaba a tal punto que me adelanté en la salida (sin saberlo pero sabiendo) y todo empezó a estallar, una gran explosión, un fuego envolvente del interior de esa casa se expandía hacia fuera, hacia el lugar en el que se encontraban, para quemarlos, para desaparecerlos (a ustedes y a todas las otras historias), y yo corría delante.
Posteriormente, pronto, entendí que ese desastre lo había preparado yo. Autora de ese crimen en mi sueño, quería quemar con fuego sus rostros, los otros, y mi ardor interno.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Por un fantasma.

En mi sangre navega tu nombre, por cada rincón, por cada espacio, va quemando toda vena a su paso, va dibujando el recuerdo. Pareciera mi cuerpo empecinarse con marcarte en mis adentros, tatuar los ojos muertos y la sonrisa asustada. Son las comisuras de tus labios las que lloran y me llaman a su encuentro, a lo que cada mañana quiero escaparle, ese aire que trae el viento.
Espuma, tan revuelta que no se entiende, es mi líquido espeso que atraviesa mis vasos, que se estaciona en mi cabeza, torbellinos que no puedo detener, las sensaciones y emociones convulsionadas en el deseo de evitar lo que ya no es.
Principiante en esta historia, aprendiz de soldado, sólo llevo el casco para evitar los metales en el cráneo, mientras mi sangre turbulenta vuela en mi interior, sigue y sigue, qué poco tacto tiene, a ver hasta dónde lleva estos retazos de amor tambaleante.
Juegos de luz y sombra, entre caprichos y necesidades, oscilando entre orillas de ríos dulces y mares salados, conteniendo la respiración bajo el agua de la ducha, una pavada para engañar la otra historia que aprieta el cuello, la que asfixia en serio, la que, todavía, se resiste a abandonar el duelo.