jueves, 1 de noviembre de 2012

Muros


Había aprendido tan bien ese arte que hasta me es útil en la situación contraria.
Construí un muro, lo bloqueé y lo bloqueé de manera prácticamente profesional, nada podía contra él. Una flor creció al borde, en el cimiento, y con trabajoso esfuerzo se fue alzando, lo resquebrajó, una grieta comenzó a abrir paso en el cemento y ladrillo, traspasó. De todas maneras el muro siguió en pie, tanto esfuerzo no había sido en vano. Los pétalos adornaban un poco, le dieron color, la grieta verdeaba, la pared no caía.
Pero nada es eterno, la cromática abundó precisamente momentos antes de volverse todo gris. Al parecer siempre hay una mejoría antes de la inminente muerte, quizá eso fue lo que sucedió.
La flor probablemente marchitó y ahora (yo) practico ese gran arte para que el gris no penetre la grieta, giro la cabeza hacia el interior de mi mundo sin flor, como si todo siguiera igual, como si nada me alcanzara.
Bloquear la flor y al gris, uno en consecuencia del otro y su inversa.

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