Tenía un ojo cerrado, otro semiabierto, la luz tenue de la habitación envolvía mi rostro, mis sábanas. Se acercaban imágenes, me acosaban con su dulce aroma de perfume barato y colores socialmente imposible de combinar, de ropas gastadas, un poco rotas.
Parecía un arlequín que me hablaba, pero no entendía nada, yo no entendía o él, no lo sé. Pronto acercó a mi cara una flor que tenía en la mano, al parecer era una fresia, al parecer, también, sabía que me gusta cómo huelen esas pequeñas creaciones de la naturaleza, y sonrió como payaso mal pintado, como esos que me caen mal, que me asustan un poco. Él, que se veía ridículo como yo algunas noches, daba vueltas y saltos, hacía sonidos que, por lo que pude interpretar, era una especie de canto; entonces se filtró una palabra: "Amanecer".
Sí, amaneció y yo con ese pseudopayaso en mi habitación. La claridad entraba cómoda por las hendijas de la persiana, y tenía la certeza que detrás de la ventana había Mar, estaba en la casa de mis sueños, aunque en realidad no sé cómo sería esa casa, sólo quisiera que esté a orillas del enorme cúmulo de agua, dueño de olas plateadas.
Había amanecido, con la furia del sol, y con el viento punzante que "livianaba" el calor.
Ahí estaba yo, con los codos en el borde de la ventana, con la persiana ya levantada, mirando a esa imagen de ensueño, y el arlequín que se iba saltando por encima del líquido radiante, florecido de espuma.
Amanecen, el día, las personas, todo amanece...
ResponderEliminarTe quiero mucho amiga mía.
Y yo a vos amiguito de mi corazón!
ResponderEliminarHERMOSO! me re gusto!!! te felicito escribis hermoso...
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