Estas líneas no son más que para engalanar esta noche calurosa y densa, imaginando tus ojos, hidratándome con tus miles de fotos. Sé que jamás me miraste, y no sufro por eso, tampoco supe verte a tiempo. Hoy tu verdeazulado izquierdo, tus finas pestañas, tus raíces de alrededor, reposan en mi pared, y algunas melodías se esconden en tu espalda, esas que un gran amor decidió registrar en tinta, que casualmente, son frases favoritas, o al menos, significativas para mí.
El tiempo pasó, y claramente te puedo ver en la juventud, en tu despojado interés de sobriedad, pero de una sonrisa que jamás pareció agotarse.
A veces, tontamente, platónicamente, sueño que te despertarías para buscarme, y que las distancias abandonen los prejuicios. Sé (tranquilo!) que es un platónico sentimiento.
Tu voz me acompaña casi todo mi tiempo, te volviste mi sangre, te volviste mi contexto, te volviste mi hilo conector con la magia, con un secreto, con un deseo, con un "casi imposible", entonces te siento tan presente, como si nos conociéramos de siempre, o como si siempre hubiese querido conocerte.
No sé qué es, tenés algo en común con él, y eso me alegra y me entristece también, aunque no es por vos.
Ay, quisiera hundir mi nariz en tu pelo, apuesto que huele tan bien, quisiera que hicieras sonar ese acorde, el que quieras, con que sean tus dedos ya me bastaría.
Te llenaría de palabras bonitas, pero es suficiente con mirarte, con escucharte, con meterme en tus ondulaciones, en tus vibraciones, es más grande lo que generás cuando sos, que las palabras no alcanzan.
Quizá sería bello hacerte llegar esta pequeña carta, quizá es mejor que me la quede yo, quién dice, algún día pueda leértela.
Dulces sueños, mi señor...
- A Gus Cerati -