De mis ojos, ondas distorsionan la imagen. Una puerta, un marco, un cuadro, parecen encenderse, humear en el aire.
Inconsciente juego, inestable desvarío, tanteando los bordes para no perderse. Aún sigo siguiendo las líneas que se van para arriba.
Cuánto más divertida se hace la demencia, cuando dibuja en los muros bocas sonrientes, y grita estupideces de mujer borracha. No llora, sino clama por la pendiente nube que se ató al suelo.
Cuanto más aburrida se ha hecho la semana con la ausencia. Pero el payaso siempre sale de la galera, y se convierte en conejo similar a un pescado. ¡Cuánta pestilencia!, pero qué aburrido se hace todo cuando no hay olfato.
Otra vez se va para arriba, como fin de llamarada que se pierde en el oxígeno, ya incolora, y desdibuja la aurora, la convierte en mañana, para ser tarde, ser noche, ser madrugada.
Ojos como fogata chisporroteante, flagela las barras de acero de la cabeza bien vestida. ¿Será que es sólo deseo tonto, infantil y despreocupado?
Ojos de lluvia de amarilla tinte, tal vez sea cansancio, tal vez consuelo. Pintar los días de realidad encendida, mantener viva la llama (discar un número -tuuuu...tuuuuu...tuuuuu).
Precipitada, inquieta dice que.
Se quema, pues sí, Es fuego.
Fuego eres
ResponderEliminarEres la sangre en tus venas etéreas
La verdad en ti resplandece ante mis ojos.
.Espavo.